viernes, abril 07, 2017

EL MALTRATADOR, DEPENDIENTE POR EXCELENCIA

Mucho se ha hablado de la dependencia emocional de las mujeres maltratadas. Tanto que hemos obviado que si en este tipo de relaciones hay alguien dependiente, ese es, precisamente el maltratador.
El maltratador es el dependiente por excelencia. No solo no desea romper la relación, sino que mantener a la víctima a su lado es algo vital para él y siente un gran temor ante una posible pérdida. 
Necesita a la víctima para sobrevivir a su propia mediocridad, a su propio vacío interior y la necesita para reafirmarse como hombre, reafirmar su poder, reafirmar su dominio. Eso lo lleva a considerar una amenaza cualquier elemento externo por nimio que sea y lo lleva igualmente a buscar a la víctima desesperadamente para apropiarse de ella. 
Necesita no solo que esté a su lado, sino que necesita sentirla suya, sentirla como algo propio en el sentido más radical y enfermizo del término.
Una víctima es una mujer sometida, dominada, una mujer que ha sucumbido al poder del machismo y esto es lo que engrandece al maltratador, es su triunfo, es su victoria es lo que nutre su ego sin fondo, lo que refuerza su hombría, es lo que le da vida.  
Si hay algo que ofende y daña a un maltratador es que la mujer decida romper la relación. Esto supone para él una catástrofe emocional insuperable, una especie de atentado a su hombría que hace que se derrumbe toda su estructura machista y se sienta profundamente abochornado, humillado, reducido.  De ahí que siempre se oponga radicalmente al término de la relación.
La estrategia del maltratador es, por tanto, mantener a la mujer a su lado, si es preciso, por la fuerza, para seguir sometiéndola. A mayor resistencia de la víctima, mayor uso de la violencia.
El agresor incapaz de reconocer su propia debilidad, su vergonzosa dependencia. Normalmente invierte los términos de la situación y asegura que él debe estar ahí,  porque ella, una mujer sola, iría por la vida como oveja descarriada… y que “debe estar muy agradecida que lo encontró a él para poder aleccionarla,  corregirla y si es preciso,  castigarla y someterla y llevarla por el buen camino”, esto dicho con toda la autoridad y legitimidad que le otorga el machismo sostenido por la sociedad patriarcal. 

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