sábado, abril 27, 2013

EL SÍNDROME DE LA NODRIZA

Es natural que tratemos de proteger y cuidar a nuestra pareja, pero si esta ayuda se vuelve adicción, habremos entrado en el peligroso mundo de la codependencia. Cuando nos concentramos excesivamente en la pareja, pasamos del auxilio racional a la afectación generalizada y permanente. … Cuando el amor desborda los límites de la dignidad y la autoestima, algunas mujeres adoptan un estilo afectivo extremadamente protector para con su pareja, convirtiéndose en “nodrizas”, “salvadoras” o “terapeutas” del hombre que aman. Y al igual que cualquier madre sobreprotectora se sienten culpables y ansiosas por cualquier problema que pueda llegar a tener su pareja… ) De esta manera, la ayuda compulsiva que caracteriza la codependencia se refiere a los esfuerzos denodados por buscar el supuesto bienestar de la persona amada, a expensas de las propias necesidades. Austeridad con una misma, abundancia para el otro. El pensamiento que rige la vida al otro como sentido de vida es trágico: “Necesito que me necesites”, depender de un dependiente.
Ciertas mujeres se sienten especialmente atraídas por hombres débiles, inútiles, con problemas de adicción, acomplejados, fracasados, pobres o que viven “cuesta abajo”. Estos varones desprotegidos y abandonados ejercen sobre ellas una extraña fascinación: rescatarlos del pantano y ponerlos en orden. Es el papel de la redentora que confunde el amor con la asistencia social. Para colmo, estos varones en decadencia son supremamente hábiles para detectar y conquistar a cuanta mujer/niñera pase por su lado, basta con mostrar su mejor rostro de chiquillo desvalido. Una vez instalados en el regazo de su mecenas de turno, se aferran a la fuente de seguridad con la típica angustia de separación del niño temeroso. Así la relación afectiva adquiere tintes de adopción y madrinazgo.
La metáfora: la mujer/madre, el hombre/niño.

Es un párrafo de libro "Los límites del amor" de Walter Riso

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sábado, abril 13, 2013

EL MALTRATADOR NO ESTÁ LOCO

No es un loco, 
no está mal de la cabeza, 
no es un enfermo, aunque su comportamiento nos resulte
irracional, incoherente y enfermizo. 
Es algo muchísimo peor, 
es un MALTRATADOR. 
Los locos no seleccionan minuciosamente a sus víctimas, 
no planifican al detalle el lugar, 
ni el momento de actuar, 
a veces con una precisión milimétrica, 
ni elaboran estrategias de actuación.
Los locos no traman ni elaboran argucias, 
con el fin de descargar toda su ira acumulada. 
Los locos no proyectan toda su  frustración 
contra una sola persona cuando nadie los ve. 
Los locos no saben lo que hacen, 
están impulsados por su propia locura; 
los maltratadores sí, 
ellos actúan motivados por algo muchísimo más grave: 
es su propia miseria personal, el machismo y la violencia.                                                                                                                                                            

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