sábado, marzo 28, 2009

LOS MALOS TRATOS. SEÑALES DE ALERTA

 Señales que si se mantiene en el tiempo nos indican que estamos ante un machista violento:

. Controla lo que hace su pareja exige explicaciones por todo y pretende conocer hasta el último rincón de su pensamiento, pues no quiere que tenga “secretos” para el.

. Quiere saber a donde va, con quien estuvo y a quien encontró en el camino, el horario, tiempo, cada lugar, lo cual comprobará con sucesivas llamadas telefónicas o a través del método que estime oportuno.
. De manera permanente vigila, el aspecto externo de ella, pretende que cambie su manera de vestir, de peinarse, de maquillarse, de hablar o de comportarse.
. Formula prohibiciones o amenazas respecto de los estudios, el trabajo, las costumbres, las actividades o las relaciones de su pareja.
. Carece absolutamente de empatía.
. Fiscaliza a los parientes, los amigos, los vecinos, los compañeros de estudio o trabajo, sospechando, desconfiando o criticándolos después de querer conocerlos a todos para como son ellos.
. Monta escándalos en público o en privado por lo que ella u otros dicen o hacen.
. Es un experto mentiroso y muy astuto, tanto que llega a creerse sus propias mentiras. Los hay muy hábiles con las palabras, consiguiendo crear una gran confusión a quienes tiene delante, sobre todo a su pareja.
. La deja plantada, en salidas o reuniones, sin explicar ni aclarar los motivos de su reacción. La deja “tirada” en viajes, en zonas o lugares de difícil salida, al objeto de que ella se sienta sola, aislada.
. No expresa ni habla acerca de lo que piensa, o desea, pero pretende que ella adivine lo que le sucede y actúe de manera satisfactoria, sin que él deba molestarse en comunicar nada.
. A veces da órdenes y otras “mata” con su silencio, con actitudes hurañas, hoscas o un mutismo que no abandona aunque obtenga lo que esperaba. Promueve el desconcierto a su alrededor.
. Demuestra frustración y enojo por todo lo que no resulta como él quiere, sin distinguir lo importante de lo accesorio.
. La culpa de todo lo que sucede y la convence de que es así, dando vuelta a las cosas hasta confundirla o dejarla cansada e impotente.
. No admite ninguna responsabilidad sobre la relación ni sobre lo que le sucede a ambos.
. No pide disculpas por nada, porque se siente legitimado a actuar como lo hace.
. La compara despreciativamente con otras personas, dejándote incomoda y humillada.
. Impone las reglas sobre la relación (días, horarios, tipos de salidas, etc.) de acuerdo con su exclusiva conveniencia.
. Ejerce la doble moral “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” reservándose el derecho de realizar cosas que te impide realizar a ti.
. Obliga a su pareja a formar una alianza con él para aislarse o enfrentarse a los demás. Puede llegar a proponer pactos suicidas o inducción al suicidio. . Ante cualquier pregunta o cuestionamiento de ella, declara que los parientes o amigos “le calientan la cabeza” contra él, que no le quieren y que están “envenenando” el afecto entre ellos, que los otros sienten celos o envidia de su relación”. Así desvía la cuestión y no se ve obligado a responde por su conducta.
. Amenaza y/o atemoriza a su pareja si no hace lo que él desea.
. Induce sentimientos de lástima, al justificarse o insistir con su vida desdichada o su infancia infeliz.
. No acepta formular o discutir planes para el futuro. No se compromete ni busca acuerdos para mejorar la relación.
. Recibe cariños, mimos y atenciones, pero nunca los devuelve.
. Pretende que lo acepten tal cual es y acusa de posesiva a la novia si se hace alguna observación sobre sus actitudes.
. Nunca aprueba ni estimula de manera auténtica los actos o cualidades de su pareja. Cuando lo hace es solo por ganarse afecto y admiración
. Es poco sociable, se aísla y es desconsiderado con la familia y los amigos de ella, de quienes poco a poco va apartando.
. Es susceptible y desconfiado y está pendiente de lo que se diga o se comente sobre él. Se ofende rápido y cree que los demás andan detrás de lo que hace.
. Pone a prueba con subterfugios y engaños el amor de su pareja, le pone trampas para ver si lo engaña para averiguar si miente, si lo quiere, etc.
. Es caprichoso, cambiante y contradictorio. Dice que no se va a dejar dominar y exige de su pareja un respeto que él está muy lejos de ofrecer.
. Mantiene en vilo a la pareja en fiestas y reuniones, coqueteando con otras de manera abierta o solapada.
. Es seductor y simpático con todos, pero a ella la trata con crueldad cuando nadie los ve.
. Decide por su cuenta, sin consultar ni pedir opinión a su pareja, ni siquiera en asuntos exclusivos de ella.
. Promete cambios o mejoras en sus defectos o en sus adicciones. Nunca cumple, pero siempre renueva sus ofrecimientos y promesas.
. Piensa que las mujeres son inferiores y deben obedecer a los hombres. Aunque no lo diga expresamente, actúa de acuerdo con este principio.
. Para obligarla a mantener relaciones sexuales, pone en práctica toda clase de artimañas: la acusa de anticuada, pone en duda sus sentimientos o su amor por él, la acusa de frígida, la avergüenza haciéndola sentir como un bicho raro, pone en duda su salud mental o su espontaneidad, o bien le acusa de que ella piense en otro.
. Se burla, habla groseramente o en términos agraviantes, ya sea de forma expresa, o simulada acerca de las mujeres en general. Es una amenaza velada, para que su pareja no se parezca al resto de las mujeres y sea solo como a él le gusta.
. Transforma todo en bromas o utiliza el humor para encubrir sus actos de irresponsabilidad restándoles importancia a sus incumplimientos.
. Utiliza algún dato y reseñas del pasado de su pareja o lo que conoce de sus otras relaciones para efectuarle crueles reproches o tiránicas acusaciones o para probar su desconfianza en ella en su amor.
. Exagera los defectos de la pareja, haciéndola sentir culpable y descalificada, ridícula y poca cosa.
. Deja de hablar o desaparece por varios días, sin dar explicaciones, como manera de demostrar sus enfados
. Se muestra condescendiente y magnánimo, paternalista: (p.e. “yo cuidaré de ti, tu estás en peligro, me necesitas”)
. Tiene pocos o ningún amigo, que nunca te presenta y presume de que mucha gente lo quiere.
. Muchos de sus pensamientos o actos los expone como su fuera un ser mágico, superior, con poderes especiales, un ente sobrenatural, un elegido de Dios.
. No le presta atención a ella y con prepotencia asegura saber más o tener más experiencia.
. No duda en tergiversar, liar, manipular, embaucar, mentir, enredar…. Todo lo que sea necesario en aras de conseguir sus objetivos, llegando a desarrollar en este sentido habilidades extraordinarias.
. Se irrita y tiene estallidos de violencia. Luego actúa como si no hubiera pasado nada y deja a todos desorientados y confusos.
. Se burla de los enfados de ella, ridiculizando sus momentos tristes (p.e. “te voy a nombrar, la reina del sufrimiento”)
. Acusa injustamente de coquetear, salir o verse con otros hombres. La acusa de “acostarse con otros” en unos ataques incomprensibles de celos patológicos.
. Mezcla el afecto con las discusiones haciendo notar que, si ella no piensa como él, no podrá seguir queriéndola.
. Siempre es más importante lo que le pasó a él que a lo que sucedió a ella.
. Para llamarla, utiliza nombres, diminutivos o términos que a ella no le agradan, porque siente que la disminuyen o ridiculizan.
. Está convencido de que sus negocios, sus estudios o sus obligaciones son lo más importantes del mundo y lo fundamental de su vida. Exige que su pareja se adapte a eso.
. Su forma de expresarse es grosera; constantemente utiliza palabras vulgares y habla en términos de acciones: “los reventamos” “a esos los vamos a matar” “si viene le rompo la cara”; “a esa habría que darle una paliza” , “este se está buscando una piña”. Frecuentemente expresa prejuicios religiosos, raciales o sexuales.
. Es impulsivo e intolerante. Impone su voluntad en el terreno sexual, sin tener en cuenta las necesidades de su pareja
. Aunque sea una vez, le pegó una bofetada a la pareja, le dio empujones, le retorció un brazo, le apretó el cuello o la tomó fuertemente de los cabellos.
. Tiene antecedentes policiales o se ha visto envuelto en asuntos un poco turbios o por lo menos, nunca aclarados del todo.
OBSERVA, ANALIZA, FIJATE EN LO QUE HACE, NO EN LO QUE DICE.

domingo, marzo 22, 2009

VIOLENCIA DE GENERO. CONCEPTO, DEFINICION

La Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre de Medidas de Protección Integral contra la violencia de género, introduce por primera vez la perspectiva de género como análisis del problema social e incorpora el factor cultural como causa del fenómeno, dejando patente que la violencia de genero que contempla y que pretende combatir es una manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombre sobre las mujeres (hechos que alimentan la raíz misma de la violencia de género), ejercidas sobre estas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por una relación de afectividad aún sin convivencia.
Con posterioridad se han desarrollado diversas normas reglamentarias por parte de distintas Comunidades Autónomas donde se define el concepto de violencia de género como la situación discriminatoria manifiesta, de desigualdad y de relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres y que se ejerce sobre estas por el mero hecho de serlo. Comprende cualquier acto de violencia basado en género que tenga como consecuencia o tenga posibilidades de tener como consecuencia perjuicio o sufrimiento de la salud física, sexual o psicológica de la mujer, incluyendo amenazas de dichos actos, coerción o privaciones arbitrarias de su libertad tanto si se produce en la vida pública como privada.

jueves, marzo 12, 2009

DEPENDENCIA EMOCIONAL Y VIOLENCIA DOMESTICA

DEPENDENCIA EMOCIONAL Y VIOLENCIA DOMESTICA. Por Jorge Castelló Blasco


1. Introducción La violencia doméstica es un fenómeno de gran actualidad, aunque posiblemente haya existido desde hace muchísimo tiempo. Es difícil agrupar en un mismo patrón a la cantidad de personas que sufren de malos tratos, a la vez que resulta complicado proporcionar un perfil único de los maltratadores. Las víctimas de la violencia doméstica pueden ser personas que han tenido la desgracia de emparejarse con sujetos extraordinariamente agresivos o posesivos, y no por ello tender hacia este tipo de individuos. Una vez entran en una dinámica de agresiones y humillaciones, posiblemente les cueste salir de ella tanto por su propia situación (dificultades económicas, aislamiento del entorno, etc.) como por las amenazas de su pareja, que lamentablemente resultan muy creíbles. Por lo que respecta a los maltratadores, la mayoría de las veces varones, su comportamiento puede ser el resultado de la interiorización de unas normas machistas, que consideran a la mujer como una persona-objeto sobre la que pueden descargar sus frustraciones o en la que simplemente deben demostrar su poder. Estas normas culturales machistas pueden no ser las vigentes en nuestra sociedad, pero sí existir en otras o aparecer en determinados entornos, muchas veces desfavorecidos. Los maltratadores también pueden ser personas sin escrúpulos y con una gran carga de hostilidad hacia el resto de la gente, desplegando su comportamiento antisocial hacia su pareja con el fin de amedrentarla y tenerla a su disposición, o por el mero disfrute con su dolor. Es habitual que este tipo de maltratadores cuenten con un amplio historial delictivo. Pero con esta breve explicación no alcanzamos a comprender la totalidad de perfiles tanto de víctimas como de perpetradores de violencia doméstica. Como hemos afirmado, no se pueden englobar en un mismo patrón a estas personas. Existe un determinado tipo de individuos víctimas de malos tratos que desconcierta a los profesionales de la salud mental, asistentes sociales, fuerzas de seguridad y resto de la gente en general. Este grupo de víctimas no denuncia a sus agresores (y, en estas personas, este hecho no se debe al miedo), retira las denuncias si es que alguna vez se han producido, visita a sus parejas a las cárceles, incumple órdenes judiciales de alejamiento por malos tratos repetidos, etc. Pero lo más significativo es que estas personas, habitualmente mujeres, afirman con rotundidad que continúan queriendo con locura a sus parejas. Y no sólo eso, sino que una ruptura de una relación de este tipo vendrá seguramente acompañada de intentos desesperados de retomarla, o bien del inicio de una nueva pareja de similares características. De la misma forma, un grupo de maltratadores también es bastante peculiar. Las continuas agresiones a sus parejas se acompañan de un sentimiento insano de posesividad, con unos celos habitualmente patológicos que denotan tanto la necesidad como la suspicacia que tienen hacia la persona que atacan. Dicha necesidad se manifiesta igualmente en el establecimiento de una nueva relación de pareja con similares características si se disuelve la anterior; o en intentos que pueden ser tanto de remordimientos, con súplicas y promesas de cambio de comportamiento, como de agresiones todavía más feroces (que son las que continuamente aparecen en los medios de comunicación) para evitar la ruptura. El comportamiento de estos grupos de víctimas y de perpetradores es notablemente paradójico, porque no tiene sentido que una persona tienda a relacionarse con otra que la agrede, maltrata y humilla sistemáticamente. Asimismo, es desconcertante en los maltratadores que tras sus agresiones exista una necesidad posesiva hacia la pareja, porque lo lógico sería que si la odian no tuvieran inconveniente alguno en romper la relación. En trabajos anteriores (1) (2) y en otros pendientes de publicación (3) presentamos un fenómeno novedoso que hemos descrito como un trastorno de la personalidad, que a nuestro entender explica estos comportamientos tan paradójicos propios de la violencia doméstica, no siendo sin embargo exclusivo de ésta. Este fenómeno recibe el nombre de "dependencia emocional", y a continuación procederemos a describirlo brevemente. 2.- Concepto de dependencia emocional La dependencia emocional es la necesidad afectiva extrema que una persona siente hacia otra a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja. No obstante, su carácter crónico no se basa en la sucesión de dichas relaciones sino en la personalidad de estos sujetos; es decir, el dependiente emocional lo es también cuando no tiene pareja, aunque esto no sea lo más habitual porque su patología provoca que busque otra desesperadamente. De hecho, una de sus características es que no soportan la soledad, algo que veremos más adelante. Dos aspectos característicos emergen de la definición: en primer lugar, que la necesidad es excesiva y que por tanto no se reduce a la propia de una relación amorosa; en segundo lugar, que dicha necesidad es de carácter afectivo y no de otro tipo (pensemos en el clásico "trastorno de la personalidad por dependencia", en el que la indecisión y la sensación de inutilidad o desvalimiento personal es lo que une a la persona de la cual se depende). 3.- Características de los dependientes emocionales Las características que a continuación vamos a enumerar en torno a la dependencia emocional se dan en los casos que podemos catalogar como patológicos y estándar. Estas dos matizaciones se deben a que la dependencia emocional es un continuo que empieza con la normalidad y termina con la patología, por lo tanto existen diferentes niveles de gravedad. En las dependencias más leves encontraremos sólo algunas de estas características. Además, la dependencia emocional puede adoptar diversas formas que alteran sustancialmente a la que estamos definiendo como "estándar". Una de estas formas, que describiremos más adelante, explica el comportamiento del grupo de maltratadores al que hacíamos referencia; mientras que la "estándar" daría cuenta, entre otras, del proceder de determinadas personas víctimas de violencia doméstica. Dividiremos estas características en tres áreas: relaciones interpersonales (con especial hincapié en las de pareja), autoestima y estado anímico: 1) Relaciones interpersonales: Tendencia a la exclusividad en las relaciones. Esto se da tanto en las relaciones de pareja como en las amistades de estas personas, sintiéndose más cómodas hablando con un único amigo que en un grupo numeroso, en el que no se tiene el suministro afectivo necesario y pueden, paradójicamente, encontrarse más solas. Esta exclusividad, dentro ya de las relaciones de pareja, da a entender que más que cariño hay necesidad hacia el otro, implica una cierta falta de construcción personal. Asimismo, ilustra a la perfección la similitud con otras adicciones, en tanto que dicha exclusividad y enganche constante hacia la otra persona se produce también en ellas. La adicción se convierte en el centro de la existencia del individuo y todo lo demás queda al margen, incluyendo trabajo, familia o amigos. De conservar amistades suelen ser de uno a uno y para hablar sobre la pareja, que se convierte en el tema favorito de conversación. Necesitan un acceso constante hacia la persona de la cual dependen emocionalmente. Esto se traduce en un agobio asfixiante hacia ella con continuas llamadas, mensajes al móvil, aferramiento excesivo, deseo de hacer con ella cualquier actividad, etc. La motivación de este acceso constante es por un lado la necesidad emocional y por otro la ansiedad por una posible pérdida del otro. Necesitan excesivamente la aprobación de los demás. De hecho, sondeando en los antecedentes patológicos de estos pacientes aparecen en muchas ocasiones historia de trastornos de la alimentación. Esto indica el desequilibrio emocional subyacente, su autorrechazo y también los deseos de agradar (en el caso de los trastornos alimentarios, también físicamente) a los demás. Ilusión al principio de una relación o cuando conocen a una persona "interesante". Esta ilusión tiene mucho de autoengaño, de la misma forma que cuando se da una ruptura pueden pensar que por ver de vez en cuando a su pareja no se van a volver a enganchar a ella, o que si ésta ha prometido dejar de agredirles sistemáticamente creer que en esta ocasión será cierto. Subordinación en las relaciones de pareja. Es un medio para preservar la relación a toda costa, algo que hacen muy bien y que es atrayente para sus parejas por el suministro narcisista que les proporciona. Las relaciones de pareja de los dependientes emocionales son marcadamente asimétricas, desequilibradas. Uno de sus componentes es el que domina claramente en la pareja y el otro (en este caso, el dependiente emocional) sólo se preocupa de su bienestar, de hacer lo que su pareja desee, de magnificar y alabar todo lo que hace, de ser el objeto de su desprecio narcisista e incluso a veces de su rabia, tanto psíquica como física. Idealizan a sus parejas y las escogen con unas características determinadas: ególatras, con gran seguridad en sí mismas, frías emocionalmente, etc. El narcisismo de estas personas es la contrapartida de la baja autoestima de los dependientes emocionales, por eso se produce esta idealización y fascinación. Las relaciones de pareja atenúan su necesidad, pero siguen sin ser felices. De todas maneras tampoco esperan serlo porque su existencia es una sucesión de desengaños y no tienen el componente esencial del bienestar: quererse a sí mismos. Este componente, por otra parte, es fundamental para poder llevar a cabo relaciones de pareja sanas, equilibradas y mutuamente gratificantes. Esta sensación de tristeza y de vida torturada se manifiesta con claridad cuando nos damos cuenta de que realmente no echan de menos el afecto y a veces el respeto que la pareja debería tenerles, simplemente es algo desconocido para ellos. Esto es algo que resulta difícil de entender cuando tratamos con estas personas. Pánico ante la ruptura y gran posibilidad de padecer trastornos mentales en caso de que se produzca. De hecho, uno de los dos motivos principales de consulta de los dependientes emocionales es el padecimiento de una psicopatología (generalmente, un episodio depresivo mayor) tras una ruptura. Este sufrimiento se puede producir con una persona que ha hecho la vida imposible o que incluso ha maltratado al dependiente emocional. En estos casos, el paciente no deja de recordarnos a un toxicómano en pleno "síndrome de abstinencia"; es más, son muy frecuentes la negación de dicha ruptura y los continuos intentos y exhortaciones para reanudar la relación. Es necesario añadir que esta tormenta emocional amaina milagrosamente cuando aparece otra persona que cubra las necesidades afectivas del dependiente, y es muy frecuente que la ruptura se produzca cuando se tiene ya otra relación. Cuando esto se produce, el centro de la existencia pasa a ser la nueva pareja. La diferencia con personas "normales" es que éstas suelen guardar un periodo que podríamos calificar como de duelo tras una ruptura amorosa, período en el que no se tienen muchas ganas de tener a otra persona porque la anterior todavía ocupa un lugar privilegiado. Tienen un miedo e intolerancia terribles a la soledad, base de su comportamiento ante las rupturas, de su necesidad de otra persona, del apego y parasitismo que tienen hacia ella u otras personas, etc. Esta intolerancia a la soledad se debe a que la relación del dependiente consigo mismo es muy negativa; con otras palabras podemos afirmar que "no se soportan". Presentan cierto déficit de habilidades sociales, como falta de asertividad. También destaca el egoísmo, fruto de la necesidad patológica que tienen hacia otras personas. La exclusividad y el agobio que pueden llevar a cabo también hacia amistades denota precisamente ese egoísmo. Pueden tener a otra persona al teléfono hablando de su pareja durante mucho rato sin importarles, por ejemplo, que tengan visita o que se tengan que marchar por cualquier motivo. 2) Autoestima: Autoestima y autoconcepto muy bajos. No esperan ni echan a faltar el cariño de sus parejas porque tampoco lo sienten hacia sí mismos, y generalmente tampoco lo han tenido de sus personas más significativas a lo largo de sus vidas. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que así como el miedo a la soledad es uno de los rasgos distintivos de los dependientes emocionales, la falta de autoestima es el fundamento de dicho rasgo. El autoconcepto es también bajo por simple coherencia con la autoestima, aunque esto en ocasiones no es así en tanto pueden desarrollar habilidades a lo largo de su vida en las cuales adquieran confianza y seguridad (por ejemplo en el área laboral). 3) Estado de ánimo y comorbilidad: Manifiestan estar tristes y preocupados. Antes hemos hablado sobre la sensación de tristeza e infelicidad que planea sobre las vidas de los dependientes emocionales; el estado de ánimo es por tanto disfórico y con tendencia a las rumiaciones sobre posibles abandonos, sobre el futuro de la relación, el miedo a la soledad y qué podrían hacer para mitigarlo, etc. En consecuencia, la sintomatología ansiosa también es relevante. Las comorbilidades más frecuentes son, por tanto, con trastornos depresivos y ansiosos, y hay que considerar la posibilidad de antecedentes de trastornos de la alimentación como la anorexia o la bulimia. Como síntesis de estas características podemos extraer las que consideramos básicas para la dependencia emocional, que deben estar presentes necesariamente para que una persona merezca este diagnóstico. Son las siguientes: Miedo e intolerancia a la soledad. Historia de relaciones de pareja gravemente desequilibradas, o una única relación que por su duración ha ocupado la mayor parte de la vida adulta del sujeto. Baja autoestima. Las causas de la dependencia emocional son lo suficientemente extensas y complejas como para no profundizar en ellas en este artículo. No obstante, sí podemos anticipar que, entre otros factores, la mezcla de carencias afectivas tempranas y el mantenimiento de la vinculación emocional hacia las personas que han resultado insatisfactorias son las responsables de la génesis de la dependencia. 4.- La dependencia emocional dominante Como hemos dicho, la forma estándar de dependencia emocional es la que acabamos de describir. Esta forma estándar, en sus grados más extremos de gravedad, es la responsable a nuestro juicio del comportamiento del grupo de personas víctimas de malos tratos que continúa amando a su pareja. Sin embargo, existen lo que hemos denominado "formas atípicas" de dependencia emocional, en las que este fenómeno aparece simultáneamente con otros. Una de estas formas atípicas es la dependencia dominante, coexistiendo aquí tanto la necesidad afectiva propia de la forma estándar, como una intensa agresividad hacia la pareja. La ambivalencia resultante es la responsable del comportamiento peculiar del grupo de maltratadores al que hemos hecho referencia al comienzo de este artículo. Los dependientes dominantes se caracterizan, como su propio nombre indica, por tener relaciones de dominación en lugar de sumisión, sin por ello dejar de sentir dependencia hacia su pareja. Ya hemos visto en la dependencia emocional normal que las relaciones de pareja se caracterizaban por la sumisión y la idealización. En el caso de la dependencia dominante se da simultáneamente con la necesidad afectiva un sentimiento de hostilidad. Se puede interpretar esta hostilidad como una especie de venganza por las carencias sufridas, que ciertas personas con una autoestima algo más sólida se pueden permitir el lujo de mostrar. Estas personas suelen ser varones, lo cual tiene posiblemente implicaciones tanto biológicas como culturales, en tanto éstos tienen presiones sociales para adoptar posiciones de fuerza y competitividad, y cierta facilidad para la desvinculación afectiva hacia los demás. Estos dependientes dominantes establecen relaciones de pareja desde una perspectiva superior, de dominio, y utilizan a su pareja para satisfacer sus sentimientos ambivalentes (la ambivalencia es la presencia simultánea de afectos positivos y negativos que entran en conflicto). Por un lado atacan, controlan, dominan o incluso humillan a su pareja. Esto refuerza al mismo tiempo su autoestima porque niegan así su otro sentimiento fundamental, la dependencia. Pero detrás de esta posición de superioridad se esconde una profunda necesidad y control del otro, al que quieren siempre consigo y en exclusividad. En este tipo de dependencias son muy comunes los celos, incluidos los patológicos, que encubren la necesidad y la posesión que sienten hacia su pareja. Digamos que con esta actitud de dominio obtienen lo mismo que desea el dependiente emocional estándar, que es la presencia continua de su pareja, y además contentan otra tendencia más hostil y dominante, satisfaciendo así su ego y su rencor hacia las personas. ¿Cómo se sabe que hay una dependencia tras la dominación y la hostilidad?, porque está claro que muchas veces no es así. Tenemos que sospechar la presencia de sentimientos de dependencia afectiva cuando a pesar de la hostilidad, la crítica, el desprecio o el aparente desinterés, estas personas no rompen la relación, siempre y cuando no obtengan una gratificación narcisista de ella en forma de recibimiento de alabanzas o de fascinación por parte de su pareja (si es así, posiblemente ésta sea dependiente emocional convencional) o que haya un interés personal o material por medio. Además de esto, observando el tipo de interacción entre ambos o entrevistando por separado a los componentes de la pareja, nos daremos cuenta de que sea por un motivo o por otro el dependiente dominante se las ingenia para estar con la otra persona, a la que supuestamente desprecia, o bien mantiene el contacto con ella. Otro hecho que nos debe alertar de la presencia de este fenómeno es que estas personas niegan rotundamente cualquier sentimiento positivo hacia la pareja, cuando se puede sospechar de ellos como único motivo del mantenimiento de la relación. Un procedimiento que se puede utilizar para confirmar la presencia de dependencia emocional larvada en estas personas ambivalentes es proponer un tiempo de separación o de ausencia de contacto entre la pareja. Si la hostilidad, dominación y desprecio son "puros" aguantarán perfectamente este periodo, porque realmente no tienen sentimientos positivos hacia la otra persona; de existir dependencia la llamarán con cualquier excusa por la necesidad imperiosa que tienen. Pero sin duda este fenómeno se destapa e incluso se reconoce por el que lo padece cuando se produce una ruptura. Como es fácil imaginar, las rupturas son frecuentes en este tipo de relaciones porque la otra persona se cansa de las críticas, de la hostilidad, del desprecio, de hacer siempre lo que el dominante quiere o de observar cómo niega tanto para sí mismo como para los demás cualquier sentimiento positivo hacia ella. Cuando se da la citada ruptura, el dependiente dominante puede reaccionar exactamente igual que cualquier otro dependiente emocional: entra en una profunda depresión, suplica a su expareja que se reanude la relación, le promete que cambiará, reconoce lo mal que se ha portado, etc. La pareja de estos dependientes se sorprende de que después de la ruptura muestre que tras la fachada de superioridad, dominación, cinismo, desinterés u hostilidad, se escondía una profunda necesidad afectiva. Esta sorpresa se acompaña en la mayoría de los casos de indignación y suele ser un motivo por el que la relación no se reanuda. Además, está el fundado temor de que al retomar la relación estos dependientes vuelvan a su anterior pauta de interacción. Pero tras la ruptura, los dependientes dominantes pueden reaccionar de una forma bien distinta. Si su tendencia hostil es superior a su necesidad afectiva, en lugar de implorar reanudar la relación pueden vengarse de la afrenta recibida, que interpretarán como la confirmación de sus sospechas sobre la falta de sentimientos de su pareja o sobre presuntas infidelidades de ésta. La idea de posesión absoluta es tan grande que no podrán siquiera imaginar que la persona que es de su propiedad, según ellos, tiene ahora "libertad" para hacer lo que desee. El odio por no poder satisfacer su necesidad reavivará viejas heridas por desengaños interpersonales sufridos durante toda su vida, con lo que se abren las puertas para un desenlace trágico. La mezcla de necesidad enfermiza y de odio hacia una misma persona es extremadamente patológica, y causa sufrimiento tanto en la persona que la padece como sobre todo en el destinatario de estos sentimientos. 5.- Conclusiones Hemos intentado clarificar el comportamiento de un grupo determinado de personas víctimas de violencia doméstica y de otro grupo de maltratadores, que no necesariamente tiene que coincidir en una misma relación. Para ello hemos utilizado un modelo novedoso que recibe el nombre de "dependencia emocional", y que en los trabajos citados al comienzo de este artículo hemos propuesto como un trastorno de la personalidad. Esperamos que la utilización de dicho modelo aporte algo de luz a fenómenos como la violencia doméstica que día a día no dejan de desconcertarnos.

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