ACTUALIDAD

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Cuando me preguntan por qué llamé así a este blog, digo que si su contenido es sobre la violencia machista, no podía llamarse de otra manera.
Nadie quiere más que un maltratador. Es el suyo un amor tan profundo y tan fuerte, tan inmenso y de tal contundencia, que de un abrazo puede dejarte sin respiración para toda la vida. C.M.

martes, julio 28, 2015

MUJERES MALTRATADAS QUE NO DENUNCIAN A SU AGRESOR


Frecuentemente, se le increpa a la mujer maltratada -por parte de las instituciones y de la sociedad en general- el hecho de no denunciar a su agresor al objeto de poder poner en marcha los medios suficientes para su protección. Efectivamente, en la actualidad se cuenta con un marco normativo legal y con unos medios, que si bien, han demostrado no ser suficientes, si suponen un amplio despliegue de medios tanto materiales como humanos con los que antes nunca se contó. No obstante lo anterior, y respetando siempre la importancia y la necesidad de denunciar estos hechos delictivos, me gustaría hacer algunas puntualizaciones al respecto:

Considero que incidir tanto en el hecho de que la mujer víctima no denuncia a su agresor es tanto como cargarla con la responsabilidad o la culpa, de sus malos tratos e incluso de su propia muerte. Tal vez sería mucho más práctico y lógico que las instituciones o servicios creados al efecto, se planteen, de una vez, sin hipocresía y sin complejos, qué se hace mal para que no cese esta escalofriante cadena de asesinatos machistas.

La potencial criminalidad de un maltratador no es fácilmente calculable. Su comportamiento es imprevisible, ya que está motivado por la particular interpretación que él tiene de los hechos, más que de las circunstancias reales. Su ira puede ser irrefrenable y de tal contundencia que no es necesario esforzarse para ver sus resultados. Maltrata porque ya hay una predisposición a ello, ya hay una intención. Y mata por la misma razón. No es consecuencia de un impulso incontrolado, ni de “un mal momento” como tantas veces se nos ha hecho creer, sino que es su intención, es su idea, es su filosofía, y es, su meta.

Pero además, es preciso aclarar -por si alguien a estas alturas todavía no lo sabe- que antes de recibir el primer golpe, la víctima ha padecido un proceso de deterioro mental lento, paulatino, que la paraliza, la anestesia y le impide reaccionar con esa meridiana claridad, con esa ligereza, con esa lógica con que se ve, se valora y se juzga desde fuera y con la mente despejada. Y no denuncian porque el silencio, frecuentemente se convierte en cómplice, en aliado. Es el precio que muchas veces la víctima paga por seguir viviendo. Porque si hubiera denunciado su situación, probablemente hubiera muerto antes. Y precisamente porque teme por su vida, no denunciar resulta ser -a veces- la mejor manera que conoce de continuar viviendo. O al menos es así como ella lo percibe.

Y sigue sin denunciar, porque necesita creer en las promesas de cambio de él. Y necesita aferrarse a la creencia de que no todo está perdido en la relación. Porque piensa que él está enfermo y que su mal tiene arreglo si ella tiene paciencia y puede ayudarle. Porque él le ha prometido que va a cambiar y que “a partir de hoy”, todo va a ser diferente.

Pero además, la víctima está convencida de no poder escapar de la red, densa y tupida, de la tela de araña invisible y de acero que la tiene atrapada. Porque se encuentra perdida y desorientada, no sabe a donde acudir primero... Porque considera que sin él le resultará muy difícil sobrevivir. Y no denuncia porque está convencida de que, vaya a donde vaya, su problema no tiene remedio. Y así se convierte en una mujer anclada en la apatía… Es la pasividad como respuesta única a la situación que vive. Porque está convencida que denunciar no cambiará para nada sus circunstancias. Es más, ni siquiera desea denunciar, porque frecuentemente ignora lo que le está pasando.

Porque la soledad de la víctima es infinita, apartada de su red social,  no tiene a quien pedir apoyo. Porque la desesperanza se ha apoderado de ella y no acierta a ver una salida posible. Porque siente vergüenza, mucha vergüenza de lo que le está pasando. Porque siente mermadas sus facultades y su mente resquebrajada….  Porque la sociedad sigue pensando que eso solo les pasa a las mujeres débiles, a las pobres de espíritu, a las marginales. Y siente vergüenza de sentirse débil y marginal. Y no denuncia porque el maltrato viene de quien más ama. Y le enseñaron a ser generosa con quien se ama, y la educaron para “salvar” la relación y velar por la integridad de la familia. Y nadie le advirtió nunca que el maltrato es un delito aunque venga de tu pareja. Nadie le advirtió jamás, que los delitos, aunque vengan del padre de tus hijos, hay que denunciarlos. Porque la sociedad todavía sigue cuestionando si eso que denuncian algunas mujeres es realmente maltrato o es una situación de privilegio legal. Y sigue sin denunciar porque duda de su propia capacidad. Porque la domina el miedo y la desconfianza… porque no siempre tiene pruebas tangibles de la situación que vive. Porque la mujer que lo padece es una víctima, y a las víctimas, siempre les ocurre lo peor, por eso son víctimas.

Porque así es el círculo vicioso de la victimización.

Porque el maltrato que ejerce el machista violento, no se lleva a cabo abierta y claramente para que se vea. Se hace para que pase desapercibido, para que no se note, para que resulte “justificado” para que parezca algo distinto de lo que realmente es. Porque comienza de forma mínima y se va expandiendo, va ganando terreno hasta dominarlo todo sin que la víctima sepa muy bien donde están los límites.

Otras veces no denuncia por falta de recursos para sobrevivir. Porque cree que no es bueno para sus hijos. Por falta de comprensión, por falta de apoyo. Por la desconfianza de hallar una solución que rompa las cadenas y que dignifique su futuro. Porque teme al implacable juicio social del bulo de las denuncias falsas. Y teme ser acusada y ya no tiene fuerzas para seguir defendiendo su verdad. Porque se las escucha poco y mal y se las juzga mucho y severamente. Porque desconfía de la Justicia, que considera siempre llega tarde y mal y desconfía en fin de unas instituciones bastante politizadas que manejan muchas y variadas cifras estadísticas, pero que no ha conseguido ganarse la confianza de las víctimas. Ambos colectivos viven muy alejados de la realidad de su vida….

Porque ha comprobado que los “expertos” y las “expertas” que aseguran entender tanto de violencia contra la mujer, resulta que a ella ni la escuchan, que no son capaces de ofrecerle la comprensión y el apoyo que ella necesita. Y acaba sintiéndose utilizada también por los “expertos” y las “expertas”. Porque sabe que los mitos acerca del maltrato están muy arraigados. Y siempre habrá quien dude de su palabra, quien piense que algo hace ella mal para que su pareja la maltrate. Y no denuncia porque ve, cada día, como la sociedad solo reacciona contundentemente cuando hay otra muerta más. Parece como que, si no hay muerte, no vale, porque todo lo demás son denuncias falsas.

Y no denuncia porque no es práctico, porque no es operativo, porque no da resultado, porque no es la solución, o al menos, no es su solución....

Y porque a veces, las mujeres que denuncian y se les pone orden de protección, también son asesinadas.



domingo, julio 12, 2015

LA RELACIÓN CON UN HOMBRE CASADO

Es la respuesta al planteamiento realizado por varias mujeres. Por todas ellas y por todas las que guardan silencio y sufrimiento juntos.

Cuando la relación con un hombre comprometido con otra mujer es una situación puntual, libremente elegida, consciente, y no te causa dolor alguno, no pasa de ser algo anecdótico. Hoy en día, con el sistema de libertades de que se disfruta, se trata de una situación sin demasiada importancia.

Lo grave del asunto es cuando esa relación se mantiene en el tiempo, se enquista, te esclaviza y te hace sufrir y lo peor, te anula como persona y te crea dependencia. Porque entonces pasa de ser una relación anecdótica con un hombre casado a ser una relación malsana, sin evolución,  enfermiza,  tóxica, un problema grave al que hay que buscar urgente solución si no quieres arruinar tu vida para siempre.

En este tipo de situaciones, es muy común que desde fuera se emitan juicios  de valor culpabilizadores muy destructivos, que no hacen sino reforzar la teoría mas machista : "que si esa es la amante, que si ella le quiere quitar el marido a otra mujer, que si esa va con un hombre casado, que si esa va a romper un matrimonio.... " Siempre se juzga y se condena a quien no es más que la víctima de un machista, abusador, dañino, ególatra, manipulador y embustero y quien sabe si algo mas....  Porque sólo a él le conviene, le interesa mantener una situación así de turbia y no tener que tomar decisiones importantes en su vida.

Porque es él el que está comprometido, él quien cree que tiene derecho a dos mujeres porque es un supermacho y con una no tiene suficiente. Y porque sabe que la sociedad, que también es muy machista, la culpará a ella antes que él.



martes, junio 16, 2015

EL MALTRATADOR Y SU ARREPENTIMIENTO

Frecuentemente la mujer víctima llega al siguiente planteamiento, 

“Me pide perdón llorando. ¿Está realmente arrepentido? ¿Debo creerle? ¿Debo darle otra oportunidad?” 


Efectivamente, tras la fase de explosión, el maltratador suele entrar en una especie de arrepentimiento, para lo cual no duda en realizar todo tipo de juramentos, promesas y manifestaciones de calado suficiente que hagan conmover a la propia víctima. 

Este arrepentimiento no es sino un acto más, transitorio e irreal, de conveniencia; un gesto que el agresor usa para su utilidad, para su beneficio y ventaja, motivado básicamente, por el temor al cese de la relación, para evitar la separación,  la pérdida del vinculo con la pareja y que, como todo lo que hace, forma parte de su estrategia, del círculo del maltrato. 
Es importante saber que pide perdón  por las consecuencias de sus actos, pero no por los hechos en sí mismos. El suyo es un arrepentimiento condicionado e interesado. En ningún caso es un arrepentimiento auténtico, ni un deseo de restaurar el daño causado, ni la más mínima intención de modificar  su conducta, porque en realidad, no hay arrepentimiento, no hay propósito de enmienda, por mucho que lo jure. El maltratador está seguro de haber actuado con total legitimidad, como corresponde a su nivel de hombría y no tardará en volver a manifestar sus verdaderas intenciones. 

No hay que creer jamás en el arrepentimiento de un agresor. La petición de perdón y sus muestras de arrepentimiento son dos eslabones mas en la cadena de maltrato. 

sábado, mayo 23, 2015

CUANTO TIEMPO DURA EL MALTRATO???

Los malos tratos hacia la mujer no suelen terminar con el mero cese de la convivencia de la pareja,  ni con la separación/divorcio, ni con la denuncia y la orden de alejamiento. Los malos tratos generalmente, continúan perpetrándose -de una u otra forma- a lo largo de mucho tiempo, en algunos casos, a lo largo de muchos años.
Por eso, es frecuente que las mujeres víctimas se pregunten durante mucho tiempo… Hasta cuando? Es que esto no tiene final? Se cansará algún día?
Pero los malos tratos  no terminan porque no son una trayectoria ni un camino a recorrer, no un fin en sí mismos. Los malos tratos es la herramienta, el medio, el método que usa el maltratador para imponer su criterio y seguir castigando la falta de obediencia a sus principios de una mujer que él considera una cosa de su propiedad. Y si no puede implantar su poder de  manera directa, lo hace  a distancia, o a través de terceros (normalmente hijos/as). En fin,  lo hace como puede, pero lo hace y lo seguirá haciendo. 
Y esto es así invariablemente, ya sea de una forma abierta o soterradamente, aun cuando los propios Tribunales de Justicia lo hayan condenado.   El maltratador, ratará -siempre- de encontrar una fisura por donde colarse en la vida de la víctima.  Y lo llevará a cabo siempre que pueda, con total naturalidad porque es algo para lo que se siente legitimado, es decir, él considera que tiene derecho a hacer lo que hace.  Y por si esto fuera poco, la estructura mental del maltratador es tan rígida que podemos afirmar que es prácticamente imposible que varíe ni un ápice.
Y es que el maltratador no puede vivir de otra forma, no sabe ser de otra manera. Necesita acechar y palpar el miedo que es capaz de infundir a la víctima para renovar esa hombría que ella ha puesto en entredicho al romper la traza que él le había marcado.
“Tus lágrimas son mi vitamina”, decía un maltratador a su víctima. 
Como las alimañas, el maltratador se alimenta del poder que impone, del dolor que genera, de la sangre que succiona, del terror que siembra. El dolor que genera en la víctima garantiza su triunfo, su supervivencia. 
Y son estos unos hechos que no admiten cambios.

"A quien amas, dale alas para volar, raíces para volver ... y motivos para quedarse" Dalai Lama

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