miércoles, abril 09, 2014

EL MALTRATADOR


¿Quién es realmente el maltratador? Es el sujeto activo del maltrato, el único responsable,  porque es el que lo lleva a cabo. Su actuación es impredecible así como las causas que la provocan. Por eso es difícil esquivarlos.

Aquí no hay relación causa-efecto. Los hechos son tal como él los percibe en su rígida mente.  

Imponen su criterio primero con sutileza y con mentiras, después  con fuerza o violencia. Es un seductor. Conquistador. Embaucador.

No solo ataca al cuerpo, ataca al alma, a tu esencia de persona. Mezclan grandes actos de generosidad con ruindad.

El agresor se crece, se nutre de la agresión, porque es poder, es dominio, es la superioridad que necesita para reafirmar su hombría. Digamos que la necesita para consolidar su personal machismo. Sin el dominio que le proporciona el abuso sobre la mujer, se apaga, se muere, porque se debilita su ego.  La superioridad que le brinda una agresión, la humillación que provoca en la víctima,  le genera adrenalina, le fortalece le estimula y hasta le produce placer. La violencia que ejerce sobre la mujer es un reto que superar, juegos que ganar.  Por eso cuando no encuentra razón para ejercer la violencia, la busca, la provoca por la mínima razón. “Eres la vitamina de mi vida” le decía un maltratador a su víctima.

El agresor actúa para no dejar rastro, constancia. Sabe que eso produce un importante rechazo social. Buscarán tu debilidad para hostigarte. Machista violento no tiene capacidad para albergar sentimientos nobles hacia nadie, no es capaz de querer a nada ni a nadie que no sea el mismo y además se quiere mal y sufre muchísimo por ello.

Maneja y promueve  hábilmente la culpa dirigiéndola cruelmente hacia su víctima, con tal contundencia que consigue el efecto deseado: toda culpa espera un castigo. Son personas manipuladoras, no les importa lo que sientan los otros. Llevan el maltrato con un deporte de competición donde siempre apuestan a ganar, a conseguir el objetivo que no es otro que sus propias dudas, sus propios complejos, sus propias carencias.

Al maltratador le resulta muy difícil observarse a sí mismo, tiene ideas rígidas y cerradas y por ello, no tiene prácticamente ninguna posibilidad de cambio. 

En lugar de aceptar la responsabilidad por sus acciones el maltratador trata de justificar su comportamiento con excusas, sobre todo cuando se ve acorralado. Por ejemplo: "Mis padres nunca me amaron" o "Mis padres me golpeaban" o "Tuve un mal día, y perdí el control" o "No podía dejarla que me hablara de ese modo. No había otra cosa que hacer." Trasladando la responsabilidad por sus acciones a terceras personas y culpándolos, esto le permite enojarse con la otra persona por "causar" su comportamiento. Por ejemplo: "Si no te metieras cuando estoy educando a los niños, no les pegaría."

Tiene fantasías de éxito, delirios de grandeza. Cree que sería rico, famoso, o extremadamente exitoso en otros términos si otra gente no lo estuviera deteniendo, no se interpusiera en su camino.. También insulta a otra gente verbalmente para sentirse mejor o sentirse superior.

Mienten muchísimo y con extraordinaria habilidad, llegando a creerse sus propias mentiras. Controla la situación por medio de la mentira para controlar de igual modo la información disponible. También puede usar el mentir para mantener a otra gente, incluyendo a su víctima, psicológicamente desequilibradas. Por ejemplo, trata de aparentar que está diciendo la verdad cuando miente, trata de aparentar estar mintiendo cuando dice la verdad, y algunas veces se expone a sí mismo con una mentira obvia.

El maltratador es muy hábil desarrollando tácticas para manipular a otros. Estas tácticas incluyen mentir, alterando a la otra persona solo para observar sus reacciones, y provocando peleas entre otros. O, puede tratar de encantar a la persona que quiere manipular, fingiendo interés o preocupación por esa persona para estar en su lado bueno. Usualmente mantiene su comportamiento abusivo separado del resto de su vida. La separación es física; por ejemplo, él golpea a miembros de la familia pero no a personas fuera del hogar. La separación es psicológica; No ve ninguna inconsistencia en su comportamiento y cree que está justificado.

El violento evita la responsabilidad de sus acciones tratando de hacer que éstas tengan la apariencia de no ser tan importantes, es decir minimizando su abuso. Por ejemplo, "No te pegué tan fuerte" o "Yo solo te empujé, tú te caíste. Pensando y hablando con vaguedad o sea sin claridad permite que el abusador evite la responsabilidad. Por ejemplo, "Llegué tarde porque tenía algunas cosas que hacer mientras me dirigía a casa."

Las personas abusadoras de hecho no están más enojadas o sienten más ira que otros. Sin embargo, ellos deliberadamente usan su ira extraordinariamente para amedrentar y desafiar a situaciones y gentes. Por ejemplo: "Cállate o te rompo el cuello." La ira es un arma muy efectiva en manos de estos individuos. El abusador usa varias tácticas para vencer la resistencia de su abuso. Por ejemplo, se sale del cuarto cuando la víctima está hablando, o grita más fuerte que ella, u organiza a otros miembros de la familia o conocidos que se pongan en contra de la víctima despreciándola o criticándola… digamos que juega con el poder.

La victimización. Ocasionalmente el abusador finge estar indefenso o actuará como que alguien lo está persiguiendo para manipular a otros para que le ayuden. Piensa que si no consigue lo que quiere, él es la víctima; y usa el disfraz de víctima para vengarse o hacer que otros parezcan tontos.

La mente de un maltratador es como un canal cerrado. No dice mucho en cuanto a sí mismo y sus verdaderos sentimientos. No está abierto a nueva información acerca de sí mismo, tampoco a opiniones de como otros lo ven. Es hermético, con la mente cerrada. El cree que tiene la razón en todas las situaciones. Es muy posesivo. Además, cree que todo lo que quiere debería ser suyo, y que puede hacer lo que quiera con lo que es suyo. Esa actitud la aplica a personas y a cosas.

martes, marzo 18, 2014

EL SINDROME DE ESTOCOLMO EN LA MUJER MALTRATADA

LOS  MALOS TRATOS: El Síndrome de Estocolmo

Se conoce como "Síndrome de Estocolmo" a una situación peligrosa, que se da en diversos tipos de relaciones malsanas y violentas, entre ellas, los malos tratos a la mujer. Es una situación que si bien, no tiene ningún sentido desde el punto de vista social -resulta difícil de entender- sí tiene sentido y explicación desde un plano psicológico.
Debe su denominación a un hecho sucedido en la ciudad de Estocolmo, Suecia.
El 23 de agosto de 1973, dos delincuentes armados con ametralladoras entraron en un banco blandiendo sus armas y tomaron a cuatro empleados como rehenes, tres mujeres y un hombre. Durante las 131 horas siguientes, los cuatro permanecieron atados con dinamita en una cámara acorazada del banco hasta que finalmente fueron rescatados el día 28 de agosto.
Tras su rescate, los rehenes mostraron una actitud impactante, si tenemos en cuenta que los habían amenazado, maltratado y en algún momento incluso se temió por sus vidas. En sus entrevistas a la prensa, resultó obvio que apoyaban a los secuestradores y temían a los agentes de la ley que fueron en su rescate. Los rehenes habían llegado a pensar que los secuestradores estaban en realidad protegiéndolos de la policía. Posteriormente, una de las mujeres mantuvo una relación con uno de los atracadores y otra creó un fondo de reserva legal para ayudar con los gastos de la defensa.
A la entrega de los rehenes, las cámaras periodísticas captaron el momento en que una de las víctimas besaba a uno de los captores. Y, además, los empleados secuestrados defendieron a los delincuentes y se negaron a colaborar en el proceso legal posterior y aseguraron haber estado más preocupados por el daño que les pudiera haber hecho los agentes policiales, que por los propios captores.
Evidentemente, habían creado un vínculo emocional con sus secuestradores.
Este acontecimiento sirvió para denominar como “Síndrome de Estocolmo” ciertos comportamientos singulares donde los rehenes en los secuestros muestran cierta clase de afecto o apego a sus captores u opresores Desde ahí el estado psicológico en situaciones de secuestro se conoce con este nombre debido a lo mediático del caso. El vínculo emocional con los secuestradores no era nuevo, se había observado muchos años antes, y se encontró antecedentes en estudios de otros rehenes, prisioneros o situaciones abusivas tales como niños y mujeres maltratados, prisioneros de guerra, miembros de sectas, víctimas de incesto, prisioneros de campos de concentración, etc.
En el mundo de la psicología, este síndrome se entiende como una de las muchas respuestas emocionales que sobrellevan los secuestrados, debido al estado de inseguridad y desamparo que les produce la confinación y el aislamiento. Afortunadamente, esto no se da siempre, sino que esta patología sólo se muestra cuando la víctima llega a identificarse plenamente con el secuestrador, y asume como propia la responsabilidad del daño que le están haciendo, al imitar de manera física o moral al secuestrador, o simplemente por copiar sus atributos de poder.
Cuando se retiene a alguien en contra de su voluntad, se mantiene durante un tiempo confinado y sólo halla compañía en el secuestrador, puede desarrollar una relación de apego hacia él, -naturalmente de manera inconsciente- con el fin de dominar la situación y obtener alguna clase de beneficio del captor que le ayude a sobrevivir. Es una especie de mecanismo involuntario de defensa que ampara a la víctima y le ayuda a mitigar esa sensación de que el secuestrador pueda serle una amenaza.
Podríamos definir el Síndrome de Estocolmo como una especie de trastorno emocional que se caracteriza por la justificación moral y el sentimiento de gratitud de una persona hacia otra de quien forzosa o patológicamente dependen sus posibilidades ya sean reales o imaginarias, de supervivencia. Este vínculo, este apego, esta complicidad como vemos, no es más que un mecanismo de defensa que surge en la mente de la víctima, quien canaliza un profundo agradecimiento hacia su agresor con el fin de proteger su propia integridad psicológica, mediante un nexo de unión y de cooperación con su agresor.
Dicho de otro modo: Es una forma de dar las gracias por no matarle, por permitirle seguir viviendo. 
De esta manera, se comprende que cualquier gesto de humanidad o afecto, -por nimio que sea- por parte del agresor, se reciba con muchísima gratitud y gran consuelo, fortaleciendo así en vínculo entre agresor y víctima.
                                                                         C.M.

                                                                                               VER MAS

viernes, marzo 07, 2014

¿HACEMOS LOS SUFICIENTE CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO?, Isaías Lafuente

  

La violencia de género es una forma de terrorismo difuso difícil de perseguir. Los instrumentos que valen para otras formas criminales no sirven. Las cifras de mujeres asesinadas, con ligeras variaciones, se mantienen desde hace años, idénticas a las de los crímenes de ETA en sus años más sanguinarios; solo en los últimos 10 años, 700. Pero esta estabilización no es una buena noticia, porque en estos años se han dictado 250.000 órdenes de protección, hay 16.000 mujeres con protección policial, y más de 5000 agresores están en prisión.
La lucha contra la violencia de género requiere educación, constantes campañas de sensibilización, recursos crecientes para las unidades policiales, para los tribunales, para los servicios sociales y, lo que es más importante, un marco económico de suficiencia para que determinadas mujeres, antes de dar el dificilísimo paso de la denuncia, no se vea forzada a optar entre la violencia o la indigencia. Quizás nunca lleguemos al riesgo cero pero a la luz de las cifras parece evidente que no estamos haciendo lo suficiente.
                                      
    https://twitter.com/IsaiasLafuente


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